Documenta 2013: “In the darkroom” y “Elena”

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En el año 2010 el director francés Olivier Assayas realizó una miniserie de tres episodios acerca de uno de los terroristas más buscados y temidos durante la década de los setenta y ochenta: Ilich Ramírez Sánchez, alias “Carlos” (apodado “El chacal” por el periódico británico The Guardian), y que se erigió ese año y en los siguientes como una de las más apasionantes historias (y mejor contadas) acerca del terrorismo internacional durante los últimos años. La película fue rechazada con rotundidad por su protagonista.

Carlos fue miembro del Frente Popular para la Liberación de Palestina y posteriormente de un grupo propio.

Esta película (que fue injustamente recortada para su comercialización en salas), para aquel que desconocía la historia de dicho personaje, -autoproclamado revolucionario-, constituyó un fresco histórico a la vez que una nada panfletaria historia sobre cómo un hombre defiende sus ideales y su ego hasta la extenuación.

Ahora, el segundo documental del realizador Nadav Schirman, que parte de una trilogía que continuará con The green Prince”, es una película que puede funcionar de manera perfecta como complemento a la realizada por el francés. Trata de la figura de Magdalena Kopp, que casada con Carlos, cuenta su experiencia en primera persona y en un inquietante primer plano. El documental tiene dos partes bien diferenciadas. En la primera, se narran las vivencias de los compañeros del líder terrorista, poniendo hincapié en los testimonios de Magdalena Kopp, además de contar el nacimiento y los atentados del grupo, principalmente en Francia.

En la segunda, será la hija de ambos, la que cuente el cómo intentar recuperar la figura de un padre, odiado en varios países y en otros como Venezuela , Libia, Argelia, Siria y Palestina considerado un héroe de la causa árabe; encarcelado ahora, su hija logra comunicarse con el que fuera un personaje desconocido y perdido en la negrura de los acontecimientos políticos de las décadas pasadas. Así, se cuenta la indecisión de intentar conocer a un ser querido, sin saber lo que se puede uno encontrar. Los últimos minutos de la película se convierten, de esta manera, en un turbador grupo de secuencias.

Y es que cuando uno ve en los créditos iniciales el logotipo de HBO, se intuye que lo que va a ver es algo interesante. Y así ocurre con “En el cuarto oscuro”, que es un documental bien narrado y que lleva a un camino de desesperación que causa cierto estremecimiento. Consigue sus propósitos y su objetividad es pasmosa, cruel y veraz.

Por otra parte, también en la Sección Oficial se pudo ver el documental “Elena”, de la directora brasileña Petra Costa, que trata de forma demasiado exasperante de la vida de una joven que viaja a Nueva York acompañada por su madre y hermana para ser actriz, sueño que queda truncado por las drogas y la locura. Es una película que subraya demasiado sus intenciones, convirtiendo sus secuencias en un soporífero juego “new age” que más que marcar sus intenciones de conseguir conmover, dramatiza en exceso y subraya hasta el aburrimiento todas sus secuencias, convirtiendo sus últimos 20 minutos en un aburrido calco sobre lo que ha marcado una y otra vez desde sus primeros momentos. Es una hora y 22 minutos de querer remarcar la pasión sin llegar a ninguna parte; y su premisa se pierde en un mar de sueños, ideales  y demás convenciones que hacen que uno mire al reloj una y otra vez esperando su final.

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