El Hobbit: La desolación de Smaug

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MV5BMzU0NDY0NDEzNV5BMl5BanBnXkFtZTgwOTIxNDU1MDE@._V1_SX640_SY720_Thorin (Richard Armitage), junto con Bilbo Baggins (Martin Freeman), vuelve a encabezar el amplio elenco de actores como guía de esta aventura de regreso al reino de los enanos para recuperar lo que les fue arrebatado por el dragón Smaug. En esta segunda parte, los papeles se invierten y la personalidad de nuestros protagonistas se transforma, modificada por la aventura y los encuentros con otros involucrados en el viaje. Bilbo se convierte en el héroe del grupo, pues salva a sus compañeros en más de una ocasión y da esperanza cuando los demás la han perdido -aunque en su bolsillo el anillo tienta más a nuestro pequeño hobbit-, Thorin cada vez más se enfrenta en solitario a un duelo consigo mismo y su misión y Gandalf, a su pesar, se encuentra con peligros mayores que lo alejan de sus compañeros. Sin duda, esta segunda entrega es mucho más oscura e intensa que la primera, lo que nos acerca de nuevo a la trilogía de “El señor de los anillos”, de la que nos habíamos alejado con la primera parte de “El Hobbit”; los antagonistas se convierten en un verdadero obstáculo para nuestros protagonistas y las escenas de acción se transforman en serios escenarios de peligros y acertijos.

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Por otro lado, un punto más a su favor, se ha regresado a la tensión dramática de “El señor de los anillos”, que aleja la adaptación de parecer un filme para niños. Los antagonistas nos devuelven esa sensación de que los protagonistas no lo tienen nada fácil y tampoco se traiciona la creación de Tolkien, ya que incluso se apoya en obras publicadas por el autor que enriquecen la historia de “El Hobbit”, como la introducción del primer encuentro entre Gandalf y Thorin, donde se nos explica cómo se inicia el viaje. Así, la estructura se autoexplica y nos recuerda los detalles más importantes de la saga acercando a los espectadores que desconocen la profundidad de la obra de Tolkien a los puntos más interesantes de la novela –además, hay interesantes referencias a la aventura que se inicia con “La comunidad del anillo”…-. Lo único de lo que no se ha desembarazado Peter Jackson, y que había hecho que pierda parte del favor de la audiencia, es de esas escenas de acción que parecen haber sido inspiradas en secuencias de videojuego que alejan a la obra de la verosimilitud y que despiertan algunos comentarios críticos entre el público. Mientras el resto de producciones basadas en la obra de Tolkien brillaban por esos excepcionales planos secuenciales, que nos muestran la inmensidad y la grandeza de la Tierra Media y el excelente equipo de producción que existe tras las escenografías, la cámara movible en todos los ángulos, partícipe de la aventura, que rompe con todo límite de inmersión en la ficción, y la banda sonora creada por el maestro Howard Shore, en esta entrega destaca la grabación de la película con 48 fotogramas por segundo, que convierten la creación del digital a una experiencia real. Cada escala está dotada de un nivel de calidad y de detalle, ofreciendo una realidad latente a cada color, objeto, sensación…

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El personaje estrella en la anterior entrega era Gollum y aunque se le echa de menos en esta segunda parte, la incorporación de Benedict Cumberbatch para el papel del dragón Smaug no ha decepcionado en absoluto, sino todo lo contrario. El actor ha sido el gran protagonista de las películas más taquilleras del año 2013: “12 años de esclavitud”, “Star Treck: Into the darkness”, “El quinto poder”… y ahora se involucra de lleno en la producción de Peter Jackson para dar vida al personaje más complejo e interesante de la historia: Smaug. Jackson es considerado el maestro de la Creación del Movimiento, que no es más que una interpretación en vivo transformada al CGI, y en la selección de actores de gran calidad dramática para experimentar con ello, como Andy Serkis, a quien ya le vimos interpretar a Gollum, Caesar (“El planeta de los simios. El origen”) y King Kong. En esta segunda parte, Cumberbatch pone la voz al dragón y también algunos de sus movimientos; el actor ya había participado en el proyecto de Peter Jackson en la anterior entrega, poniendo la voz al Nigromante, y fue quien solicitó al director seguir participando en el equipo. Cumberbatch se inspiró en los dibujos de Tolkien, las lecturas que le hacía su padre de “El Hobbit” cuando era pequeño y en algunos reptiles, como las iguanas y los dragones de Komodo, para dar vida a Smaug.

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Los enanos y Bilbo siguen siendo nuestros favoritos, aunque en esta segunda parte su protagonismo se ha repartido en tramas secundarias generadas por su relación y encuentro con otros personajes, como Bardo (Luke Evans) y la elfa Tauriel (Evangeline Lilly), que nos trasladan a escenarios no conocidos y situaciones más complejas que quizás puedan distraer nuestra atención de los protagonistas. Aquí, el director se ha tomado la licencia de ampliar el mundo de Tolkien y ofrecer su toque personal añadiendo nuevos personajes y aventuras, que aunque no han tenido buena recepción entre los fans del libro, sí que ha dado buen resultado dentro de la trama de la película. Esto le da un nuevo aire al mundo de Tolkien, que había sido perfectamente adaptado en la trilogía de “El señor de los anillos”, al ser narrado desde más puntos de vista, enriqueciéndolo. Esta vez se nota aún más la mano de los guionistas Philippa Boyens, Peter Jackson, Fran Walsh y Guillermo del Toro en esta adaptación, pues encontramos sorpresas, cambios y mejoras. Se ha desarrollado aún más la emoción, alimentada gracias a los contrastes –las escenas más cómicas y pausadas de Bilbo frente a las aceleradas de Legolas- y a la evolución de los personajes –añadiendo protagonismo y profundidad a algunos que en la primera parte parecían hacer sólo de relleno, como el enano Kili (Adian Turner)-.

Las adaptaciones de la obra de J.R. Tolkien han supuesto un hito para el siglo XXI, pues nos ha devuelto la necesidad de soñar y nos ha permitido reencontrarnos con el valor, la amistad, el sacrificio y la esperanza. “El Hobbit: La desolación de Smaug”, sigue siendo el número uno de la taquilla, arrebatándole el puesto a “La vida secreta de Walter Mitty”, “Frozen”, “American Hustle” y “El lobo de Wall Street”.

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