‘Amor en polvo’, crítica de José Manuel Conte

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‘Amor en polvo’ se trata de una comedia muy divertida en la que Pablo (Enrique Arce) y Blanca (Lorena López) se encuentran en plena crisis de los 40, cuando el deseo no se extingue pero la pareja cada vez “pone” menos, apuestan por el intercambio de parejas.

No lo aprenderás todo sobre el poliamor, los swinger o las orgías pero pasarás un buen rato. La película está magníficamente interpretada, tiene gags divertidísimos y un ritmo que no decae, con un guión donde todo está muy bien hilado. 

La vivienda-bunker, es un sótano amurallado a media luz que parece más un escaparate de Ikea que un hogar, es la materialización de los sueños de estos cuarentones, es decir una jodida pesadilla. Vivir para pagar un piso ¡qué tiempos!  

¿Debemos tener miedo a la infidelidad o a los celos? ¿Debemos perdernos lo que deseamos por estabilidad emocional? ¿El amor implica siempre posesión? ¿Es mejor engañar que decir la verdad?

No estamos tan dispuestos a derribar todos los prejuicios: los hombres heteros no acabarán descubriendo su culo o el de sus parejas ¿o tal vez si? Las mujeres supuestamente fatales tampoco renunciarán a la comodidad de la vida familiar. La película no resuelve hasta qué punto el deseo puede ayudarnos a romper con estereotipos, eso es mejor que lo descubramos cada uno por nuestra cuenta.

Es una comedia de enredo con personajes potentes, destacamos también a Macarena Gómez en el papel de Mía y Luis Miguel Seguí en el papel de Lucas. Se puede ser pajarero y ejecutivo de éxito en Londres, renunciar a ser Indiana Jones en Egipto por amor para dar clases particulares a adolescentes atolondrados, y ejercer el derecho sin derecho a una vida profesional reconocida.  Pero lo que más me gusta de estos precursores del precariado patrio profesional es su proximidad. Que nadie busque a magníficos animales, mujeres con formas exuberantes, hombres hiper-masculinos, atletas sexuales…  que arrastran a la fatalidad. Con su presencia física normal estos personajes inspiran ternura y nos ayudan a reírnos de nosotros mismos. 

La película transcurre en una Valencia de postal, donde nadie es quien pretende ser, pero la fuente de La Almoina, refleja en la noche lo que se es. 

La cinta está dirigida por los debutantes Juanjo Moscardó y Suso Imbernón a los que auguramos una espléndida carrera profesional con este acertado y divertidísimo comienzo.

Vía #JMConte

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