Ser moderno, actual, … fresco, es algo que persiguen muchos directores para conectar con el público joven, para estar en la onda, para molar. En ese intento, muchos fracasan porque sus personajes chirrían, los diálogos no son creíbles y las situaciones se exageran. En definitiva, se respira su impostura. Por eso, tiene tanto valor Club Kid.
Desde el primer instante, te sientes dentro de esa historia de discotecas, drogas, música electrónica y gente de todos los colores y sexualidades. Una historia que gira de forma radical cuando el protagonista, habitual de las desenfrenadas noches del underground neoyorquinas, recibe por sorpresa al hijo de diez años que ni siquiera sabía que tenía. El reciente fallecimiento de su madre le obliga a hacerse cargo de él, cambiando radicalmente su vida de la noche a la mañana. Una película que hemos visto muchas veces pero nunca así contada, con la dosis justa de emoción y ternura, sin cruzar nunca la línea de lo edulcorado.
Jordan Firstman debuta en el largometraje, con el respaldo del sello A24, en esta pequeña joya que también escribe y protagoniza. Un debut brillante que puede ser uno de los sleepers de la taquilla de este año. Esas películas que van pasando de boca en boca hasta convertirse en pequeños éxitos más que rentables.

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