FICXixón 2011: El frío que llega del norte

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No sé si en Austria habrá comedias o se reirán hasta de su sombra pero, en lo que es el cine, nos va llegado la sombra alargada de  Michael Haneke, que no es que sea la alegría de la huerta. Y como el director tiene tres o cuatro obras tan suicidas como imprescindibles en el cine contemporáneo, pues a más de uno le encantará que se le siga el rollo, con directores como el realizador de “Michael”, el vienés Markus Scheinzer, quizá la apuesta más incómoda para ver de cuantas han ocupado la Sección Oficial. El tema, no podía ser de otra forma, no es para tirar cohetes. Cuenta la historia de un hombre, aparentemente normal, pederasta (para dar el punto “austriaco” a la trama) en sus ratos libres y que tiene secuestrado a un niño en su casa. Filmada en tono documental para dar mayor énfasis a la crudeza, se roza la lija de una vida que parece lejana pero con el temblor puesto a la vuelta de la esquina. Y todo escuece.

No se habla del pasado, ni del cómo ni porqué del hecho, pero el volumen del desperezo urbano de este director te deja helado ante lo que se te está echando encima.

Lo peor de todo es que el realizador se apoya en que la realidad, como supera a la ficción, se queda cortada y pegada en la pantalla. Otra cosa es que la historia la lleve por los mismos derroteros que con la maestría de sus coetáneos. No es el caso. Su tramo final es forzado. Como no sabe acabar su metraje lo hace de la manera menos sutil y el terror se deshace. Quedan en la memoria, las secuencias del niño sólo en las cuatro paredes de su aislamiento como firma de una sociedad con esos puntos casi increíbles pero, desgraciadamente, reales de vez en cuando pero que nos llegan en demasiadas ocasiones a desasosegarnos y con miedo de salir a la calle.

Como no, su último plano es seco, sin dejar posibilidad a una solución, como hace Haneke, claro. Siendo esta la primera película realizada por su director, con tres o cuatro más a ese ritmo conseguirá, si se lo propone, darnos una lección de los trastornos bipolares, mentales y sociales del cine que parece que tanto les gusta. Lo único divertido de la película fue que sonó varias veces el “Sunny” de Boney M. Más allá de esto, cuando sales del cine miras alrededor tuyo y hasta el más simpático te parece un psicópataOtra de las películas con gente atormentada en una casa ha sido “Totem”, cinta alemana cuya responsable es Jessica Krummacher, proyectada en la Sección Rellumes. Trata de una familia, cuyo proceso de descomposición se va acentuando, dejando la huella de su crisis en la figura de una joven asistenta que sufre lo suyo y aguanta lo que le echen. De nuevo, como en la comentada líneas arriba, su final lastra el conjunto de la obra, también metido con calzador. Todo se derrumba y no queda espacio a la esperanza. Será el frío del norte. De aquí me voy corriendo a ver “Sopa de ganso” de los hermanos Marx, que el susto de la jornada cinematográfica no me lo quita nadie.

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