FICXixón 2012: Riesgo y valentía

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Un festival de cine se defiende él solito gracias a su programación y la personalidad que presenta a la hora de encarar cada año su programa. Y FICXixón lo ha hecho de esta manera a lo largo de todos estos últimos años, con un cartel tan variado como interesante; valiente y sin hacer caso al qué dirán, dando la espalda al glamour y guardando las alfombras rojas en armarios donde las polillas se merendaran a todo aquel que sólo quisiera acercarse a ver obras maestras a esta encantadora ciudad.

En ese sentido, hemos podido ver dos películas (cada cual aparca sus gustos donde más le conviene) que, en mi opinión, dan fuste a la personalidad y calidad de este festival de cine.

Con “God bless America” te ríes, te los pasas en grande, es salvaje, cachonda, se mofa del mundo norteamericano actual a lo bestia y, sin ninguna clase de prejuicio hace gala de un descaro que te hace olvidar todas las penas vistas en la Sección Oficial, inundada de dramas y sinsabores entre las diferentes sociedades de este convulso mundo actual. La película de Bobcat Goldthwait mete en una túrmix a “Harold y Maude” junto a John Waters y le ha salido un puré sarcástico donde salpica de negrura cómica a todo el que se planta delante. Y lo mejor de todo, lo hace con un ritmo trepidante que no decae. Es más, su primera media hora, es desternillante, atómica y brutal. Sólo alguien muy osado es capaz de hacer esto. Y se agradece que este director lo haya hecho de esta manera, destruyendo las convenciones de la sociedad actual a base de mazazos de descarada violencia sarcástica y audaz. Esperemos que algún día se estrene comercialmente en salas. Se lo merece porque es la mejor y más divertida comedia de los últimos años. Es, sin duda, una película de culto.

La otra mención que me gustaría destacar es la película de ciencia-ficción apocalíptica (ficción por retratar un mundo ideal o un futuro desesperanzador, estirado de la realidad que nos rodea) que refleja Xavier Gens en “The divide”. A pesar de tener unos fallos en su guión, donde no puede sacar más de donde no hay, con esas prisas por manejar la agonía, su largometraje es un más que estimable punto y a parte en la concepción social post 11 – S, donde los protagonistas ofrecen unas líneas sin salida al sexo, la amistad, y un futuro donde no queda nada más que el dejarse llevar ante aquellos que nos gobiernan. Trata de un conjunto de ocho personas que se esconden en un sótano tras huir de un ataque masivo contra la ciudad de….Nueva York (¡cómo no!).

Los gobiernos, que actúan como un super-yo, que no se ve pero que tenemos detrás cada día, nos llevan a un final donde la Tierra no tiene esperanza. Es, quizá, demasiado larga en su metraje y, como he comentado, le da a su final la única de las salidas posibles, (la soledad), pero, en su conjunto, sabe administrar con mucha inteligencia las suficientes dosis de asfixia y tensión como para hacerla desasosegante.

De la Sección Oficial, “California solo”, dirigida por Marshall Lewy (viene de la sección oficial del Sundance de este año) es una película, que rozando peligrosamente las líneas que diferencian una película de un telefilme, está muy bien interpretada por un esforzado Robert Carlyle. Pero se le ve tanto el querer marcar sus reglas desde el principio que se queda en una película, aunque llevadera y entretenida, con las cartas marcadas, lo que hace que el espectador se sepa su juego antes de cada escena. Y como ocurre en tantas ocasiones, no se sabe bien porqué, pero se quiere siempre meter a la fuerza una historia de amor que no viene a cuento de nada. Y esto debilita aún más la propuesta. La idea era buena, la de un escocés que viviendo en California, ve como su vida se derrumba a partir de una detención por conducir bebido, lo cual provoca una deportación inminente a su país de origen. Si se hubiese seguido por este camino, sin mezclar otras muchas cosas, la película hubiese sido otra.

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