LA FOTOGRAFA DE MONTE VERITÁ

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Drama de época sobre una mujer que rompe con las convenciones que la asfixian a nivel físico y moral.

En la pujante Viena del Imperio Austrohúngaro de principios del siglo XX, Hanna, una mujer acomodada siente el peso de su matrimonio y de las convenciones sociales. Su cuerpo, más que objeto de deseo, está sujeto al derecho que su marido cree tener sobre ella siguiendo el peso de la tradición machista. Hanna huye al Sanatorio Monte Veritá donde el contacto con la naturaleza y las “terapias alternativas” la consolidan como una artista que desde la imagen estática de la fotografía capta el movimiento. ¿Podrá volver con su familia sin renunciar a sí misma?

En lo emocional todo está inventado, lo único que cambia es la manera de nombrarlo. Las palabras se quedan vacías cuando se las retuerce para manipular. La brecha que dibuja la película sigue abierta en nuestros días. Los hippies ya existían mucho antes de que llegara a la Costa Oeste la primavera del amor. La pulsión entre lo social y lo individual forma parte de la esencia humana y esta película lo expresa perfectamente. En la huida del infierno moral en busca de una sociedad utópica, es donde inevitablemente lo humano aflora para bien y para mal. Entre tanto, lo único que queda fuera de cuestión es el poder sanador de la naturaleza.

La actriz Mresi Riegner transmite fragilidad, da una gran autenticidad a su interpretación. Como punto negativo, su aspecto físico hace que no me la crea en su papel de joven madre. La magnífica fotografía de Daniela Knapp nos muestra la naturaleza como terapia, capta diferentes atmósferas en sus interiores. Como toda gran producción cuenta con una magnífica banda sonora a cargo de Volker Betterman. Stefan Jagër recrea la histórica colonia suiza que atrajo a intelectuales (Hermann Hesse, Eric Mühsam, Isadora Duncan, ..). Consigue credibilidad centrando la historia en un personaje ficticio.

Critica de #JMConte

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