People are Strange, when you´re stranger…

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Tom Dicillo presenta el documental sobre The Doors titulado “ When you´re strange: A film about The Doors”.  Me considero una fanática de este grupo y generación, más aún de Jim Morrison y ha sido un placer verle y escucharle en las dimensiones que ofrece el cine; con Oliver Stone me pillo un poco joven y no tuve oportunidad de saborearlo en el cine.

Come on, come on, come on now touch me babe!

Excitada, es la palabra. Así salí del cine. A mis espaldas tengo alguna biografía, película, muchos discos, su libro de poemas, pendiente de devolver por cierto y mucha imaginación. Lo nuevo que he aprendido de The Doors quizás sea que Jimbo sabía reírse. En la pantalla Tom Dicillo desgasta aún más a un Jim Morrison más sexual y misterioso, eclipsando menos a Ray Manzarek, Robby Krieger y Jhon Densmore.

La calidad musical y poética del grupo queda bien reflejada, un punto importante ya que por segunda vez, tal y como hizo Val Kilmer interpretando a Jim, éste era el centro de la película. En mi opinión, todo está muy desgastado ya, pero actualizaría a los restantes del grupo en declaraciones.

La teletransportación al recorrido del grupo durante su carrera como The Doors es alucinante pero falta quitarle polvo con alguna cana y arruga de hoy día.

En todas las generaciones posteriores nacemos fanáticos de éste grupo, será por fans…

Tom Dicillo con éste largometraje lo único que hace es llevar al grupo a una clínica rejuvenecedora para comprimirlo en 85 minutos, obviamente puede ser uno de los objetivos del director.

Durante este tiempo, The Doors late con mucha fuerza pero después eclipsados junto a Morrison, parece que mueren Manzarek, Krieger y Densmore y no es así. El nuevo estilo musical que crean es impresionante, mezclando blues, rock y jazz; como vampiros, cada uno chupa la sangre del cuello que le gusta; flamenco, Rimbaud, Davis… llevándola a Venice Beach donde  gestan  esta maravilla que se llamó “The Doors”.

Es un puzzle de cuatro piezas que forman un todo perfecto, amplio y sofisticado,  sin embargo la muerte de Morrison, o la conspiración de que sigue vivo, su conducta, sus adicciones… No permiten conocer lo que pensaba Densmore, por ejemplo.

Es obvio que en muchos planos, belleza, intelecto, voz… Morrison era atractivo, indiscutible. Libertad y Jim Morrison son inseparables, se nos vende como un griego del siglo veinte. Pero su histriónica personalidad hace que me olvide de que él, sólo era la voz y el espectáculo.

Personalmente disfruté muchísimo con el film, pero desde mi punto de vista quedan pendientes pinceladas de realidad, ya que se puede llegar a ellas.

En definitiva, ver sonreír a Jimbo no es una cosa que se pueda hacer todos los días.

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