Betibú

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293Aparece muerto un hombre poderoso e importante de La Maravillosa, Pedro Chazarreta (Mario Pasik), esposo de una señora que murió de la misma manera tres años atrás. Inmediatamente se sospecha que él fue quien mató a su mujer y tampoco se descarta que su muerte se haya producido por algún sentimiento de venganza. El enigma entorno al crimen declina en una trama policial que se inicia con una investigación para descubrir quién anda realmente detrás del asesinato y para esclarecer un entramado mucho más oscuro de lo que parece.

En esta historia, la narrativa literaria se adelanta a la periodística en la búsqueda de la verdad. Nurit Iscar, Betibú (Mercedes Morán), aclamada escritora de novelas de intriga, se apropia del acontecimiento de no ficción tras el que también se encuentran dos figuras de la prensa, un prejubilado y ya desgastado periodista, Jaime Brena (Daniel Farengo), y un joven arrogante e incipiente en la profesión, Mariano Saravia (Alberto Ammann). De esta forma, dentro de la narración encontramos tres mundos: el policial, donde se desencadena todo el proceso de resolución del crimen, el de los medios, donde descubrimos la insaciable búsqueda de la verdad, y por último la línea personal de los personajes, donde conocemos el esqueleto que se enreda con la trama principal: el enigma.

Miguel Cohan (“Sin retorno”) adapta la novela de Claudia Piñeiro, “Betibú”, al lenguaje cinematográfico y desarrolla la idea primigenia creada a través de la plataforma tradicional, que es la literatura. El director expande la historia y la comunicación entre el creador y su público a través de otra plataforma artística, el cine, y de esta forma hace resucitar la obra para perpetuarla en el tiempo. Se nota que busca respetar y mantener la intriga que el espectador desea tener y, en este sentido, cumple con lo esperado en todo género policial (el seguimiento de la intriga y su resolución); sin embargo, Miguel Cohan ha querido añadir el elemento inesperado, ese aporte que hace que la historia de una película de verdad alcance al público. El director sigue un análisis de lo que supone el proceso de búsqueda y de investigación ante de un entramado de enigmas, característico del thriller policial, y ofrece al espectador mucho más que entretenimiento: una reflexión sobre qué implica luchar por la verdad y la forma ética de hacerlo.

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Encontramos que el punto sobre el que reposa el interés de la película, además de ser el enigma que encierra el crimen, son los tres protagonistas. Betibú y sus compañeros de investigación impulsan con fuerza la historia al ser unos personajes elaborados, humanos y reales, atrapados en una historia policial sin perder su propio arco de transformación. Mercedes Morán (“Los Marziano”, “Cordero de Dios”) interpreta a una mujer cuya trama personal se desenvuelve más en un nivel del pensamiento, encaminada hacia la búsqueda de la verdad, que va desvelándose en los hechos que son presentados en la narración pero descodificados en su mente; de esta forma, el director consigue poner visible lo que es invisible y el espectador consigue advertir el pensamiento de la protagonista. En los otros dos personajes encontramos el diálogo dentro del trabajo del veterano con el inexperto, Brena y Mariano (Daniel Fanego, al que vimos en “Los carismáticos” y en ”¡Atraco!”, carismático ante la cámara y absorbente de la pantalla por su enérgica interpretación, tan llena de matices, y Alberto Ammann, con esa intrigante personalidad y llena de matices, como demostró en “Tesis sobre un homicidio” o en “Celda 211”, que subraya la complejidad de su personaje), así como el diálogo profesional de las distintas generaciones, donde advertimos la nueva herramienta laboral, las redes, frente a la tradicional, la calle. La grabación de algunas escenas más complejas y difíciles con steady-cam facilita que no se pierda ese seguimiento cercano de los personajes. Además, el director ensalza el significado de cada escena con una fotografía creativa, igual de reveladora que los personajes, que recoge aún más la sensación de inquietud y de constante cuestionamiento.

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“Betibú” es una película que presenta una mirada limpia de lo que se vive hoy en día en el mundo: la lucha de lo profesional y la ética. Además, el director no priva de una historia intensa y entretenida, de misterio, que mantiene al espectador hasta el final atrapado a la línea argumentativa y, sobretodo, a sus personajes.

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