El SILENCIO DEL TRUEBA

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Os dejo un interesante artículo de mi compañero del Cine Club Kresala Nacho.

Hay en los cines donostiarras un silencio suspendido que es la suma de muchos silencios. Flota ligero y sedoso sobre las butacas, meciéndose en la brisa luminosa del proyector, revoloteando feliz entre el polvo de celuloide del que respira la sala. ¿No lo habéis oído nunca? Buscadlo porque está ahí mismo, agazapado entre los fotogramas de las buenas películas, esperando su momento para saltar de la pantalla y envolvernos a todos bajo su manto invisible.

Hubo un lunes kresaliano en el que el silencio se propuso detener el tiempo, y cuando obró el milagro, decidió regalármelo. Me avisó con un susurro y, al girarme, pude observar cómo los rostros congelados de los espectadores recogían el resplandor de la pantalla y le devolvían a esta la mejor de sus sonrisas. De entre aquellas caras entregadas al disfrute hubo una en la que me quedé atrapado, la de una chica rubia habitual del cineclub, que irradiaba una felicidad limpia y pura que solo recuerdo haber captado en la mirada de los niños. Los ojos le brillaban con una intensidad inusual, y sus mejillas tiraban con tal gracia de su boca que en su semblante se dibujaba la más bella expresión de dicha que jamás haya visto. En ese instante dilatado, al ser consciente de que la sesión de cine que habíamos preparado podía causar tal efecto en aquella persona, me sentí pleno, y ardí de gozo.

Los lunes suelo sentarme en la primera fila de la sala uno del Trueba y aguardo con impaciencia el momento de invocar al silencio. No siempre aparece, al menos no siempre soy capaz de oírlo, pero si surge y se posa en mi hombro para pedirme entre susurros que me de la vuelta y me recree en el rostro vibrante de algún espectador, ese día, aunque nunca vuelva a ser como la primera vez, me voy feliz a casa. Porque esa sonrisa iluminada condensa el amor infinito que nuestro público siente por el cine, y lograr que alguien pueda volver a enamorarse de este arte tan bello, o pensar en esa posibilidad, que no es sino el mayor de los sueños al que todo programador puede aspirar, es algo que me empuja a seguir adelante cuando el desánimo azuza mis dudas para hacerme abandonar.

Kresala es su público: es su incondicionalidad, su pasión devoradora de películas, su enorme sabiduría cinéfila, su comprensión para cuando metemos la pata, sus quejas siempre amables, su reconocimiento, tanto el tímido como el entusiasta, y es también, por supuesto, su sonrisa, sobre todo es eso, su sonrisa, y muy especialmente aquella que brota espontánea cuando recibe el reflejo palpitante de la pantalla. Qué fácil es caer en la autocomplacencia con este público, y muy a nuestro pesar, cuantas veces lo hacemos.

Somos conscientes del tesoro que tenemos, por supuesto que sí, como para no serlo. Por ello, porque sin vosotros no somos más que una cuadrilla de pirados por el cine y nada de lo que hacemos tendría sentido, queremos haceros un regalo y devolveros así, aunque solo sea en parte, el enorme cariño que recibimos de toda la comunidad cinéfila donostiarra. De ahí, de la necesidad de corresponderos, nace “la peli del público”, que no es más que una forma de mostraros nuestro más profundo agradecimiento y de demostraros que os queremos con locura. Esta vez habéis elegido Qué Verde Era mi Valle, casi nada. Espero gozarla junto a vosotros el próximo lunes en Kresala, y espero que el silencio del Trueba, que tantas veces me ha visitado durante estos años, os contagie de su emoción y os haga disfrutar como nunca de la maestría de John Ford.

 

Ignacio Rodríguez Bonilla

Directivo de Kresala Zinekluba

Sobre el autor

1 comment

  1. Juan 26 Mayo, 2017 0000005 31 16: 01

    Los cines de Donostia, como los de cualquier otra ciudad de nuestro entorno, están llenos de gente que es incapaz de permanecer en silencio durante hora y media, por no hablar de la puñetera manía de alumbrar al prójimo con el móvil durante la proyección. Lamento decir que esta ciudad no es ningún oasis, hay bastante mala educación en las salas de cine y no hay mas que darse una vuelta una tarde por los cines de esa empresa idolatrada por muchos que maneja todos los cines comerciales de la ciudad, incluido el Trueba, que ya hace algún tiempo dejó de ser un cine exclusivo de versión original.

    Artículos como este muestran que la mayoría de los programadores viven en una realidad paralela, que en nada se corresponde con la situación actual. Cines entregados al sistema de producción americano. Los cines se vacían, sí, y la mayor culpa la tienen unos exhibidores que son incapaces de cuidar la proyección de las película o programar con un poco de originalidad.

    ¿Cuántas películas maravillosas que se ven en los festivales de cine finalizan su recorrido en los propios festivales?
    ¿Por qué los festivales de cine atraen a todo tipo de público y en una sala cine de Donostia es imposible por lo general ver mas de dos o tres personas que bajen de los 40 años?

    A mí hace tiempo que me perdieron de vista en las salas comerciales. La experiencia del cine en el cine también depende que con quien compartas proyección. Yo llegué a la conclusión hace tiempo, de que salvo en salas especializadas (Tabakalera, Cine Doré, Filmoteca de Catalunya,…) la proyección puede llegar a ser insufrible. Y afortunadamente en casa cada vez tenemos pantallas mejores para disfrutar del cine.

    Saludos.

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