“Call me by your name” asimétrico.
Laurent Cantet y Robin Campillo nos entregan una obra que se siente como un Call Me by Your Name asimétrico. No hay aquí villas aristocráticas ni melocotones en almíbar; hay cemento, callos en las manos y el peso de una realidad geopolítica que no admite distracciones.
Enzo es un adolescente atrapado en la asfixia de un hogar demasiado confortable. Ante la incapacidad de cumplir con las expectativas académicas y la sobreprotección familiar, el joven elige la coherencia del esfuerzo físico. Decide abandonar las aulas para convertirse en aprendiz de albañil, una búsqueda de identidad que empieza por el dolor: sus manos se revientan bajo el rigor de la obra, pero es precisamente ahí donde encuentra una camaradería genuina que su entorno original le negaba.
En este escenario de andamios y polvo, Enzo entabla un vínculo con un carismático colega ucraniano. Es una relación que sacude sus emociones y lo obliga a mirar más allá de su propio ombligo adolescente.
La película maneja una dualidad magistral que eleva el relato por encima del simple coming-of-age:
Mientras unos se refugian en videojuegos y visitan las ruinas romanas como un parque temático de la nostalgia, otros, como su compañero ucraniano, cargan con la angustia de un país que se desintegra en ruinas reales bajo el peso de las bombas.
Esta colisión de mundos nos recuerda, sin aspavientos ni sermones, que existen realidades menos amables a la vuelta de la esquina. La cinta explora el homoerotismo desde una sobriedad elegante, huyendo de los clichés para centrarse en una tensión latente que finalmente hace caer las máscaras.
El trasfondo de la producción añade una capa de emotividad ineludible. Enzo presenta unos créditos inusuales que son, en sí mismos, un acto de amor y lealtad: «Una película de Laurent Cantet / Dirigida por Robin Campillo».
Cantet, ganador de la Palma de Oro por La Clase en 2008, falleció en abril de 2024 antes de poder culminar este proyecto. Fue Campillo, su colaborador histórico, quien tomó las riendas para materializar la visión de un director ya debilitado por el cáncer.
El resultado es una obra magníficamente interpretada y dirigida con un pulso firme que equilibra la iniciación vital de un joven confuso con la espinosa realidad social contemporánea. Inaugurando la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, Enzo no solo rinde homenaje al legado de Cantet, sino que se posiciona como una pieza imprescindible sobre la identidad en tiempos de crisis.
Critica de #JMConte

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