Aterriza la película de Pavel Pawlikowski en la sección «Perlak» del Zinemaldi con el premio a la mejor dirección en el festival de Cannes ex aequo con prometedora La bola negra, de los Javis. El film nos presenta argumentalmente la relación entre el premio Nobel de literatura Thomas Mann y su hija Ericka, pero el tema de la historia va más allá de la relación de amor-odio/admiración-reproche entre el autor de La montaña mágica y su dotada hija -escritora, políglota y piloto de rallies-. El célebre autor alemán, exiliado a los Estados Unidos, es invitado a Alemania a recibir el premio Goethe. Lo curioso es que va a recibir el premio en las dos Alemanias, la oriental y occidental, lo que suscitará el recelo de la prensa internacional -más preocupada en hacer suyo al escritor que otra cosa- y el debate moral sobre la responsabilidad moral de la «intelectualidad» en el contexto de una Alemania devastada tras la segunda guerra mundial. Por otra parte, nos encontramos con el eje familiar que conforman Thomas, Ericka y Klaus, Mann, y sus complejidades.

El largometraje, rodado en blanco y negro -al igual que Tangles, también en Perlas del Festival-, es breve, sobrio y elegante, nos muestra a un Pawlikowski en plena madurez creativa, con un dominio claro de la cámara, la luz y los planos y una notable Sandra Hüller protagonista (Anatomía de una caída, La zona de interés).
A destacar la poderosa escena final, con la cantata 147 de Bach, que pone el broche emocional a esta road movie paterno-filial por la Alemania rota de mediados del siglo pasado.
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