FICXixón 2011: La convincente irregularidad

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A veces en la irregularidad se ve la claridad; en la comparación el deshacer la incertidumbre ante lo bueno, lo regular o lo mediocre.  Y en la seguridad lo acertadamente consensuable, para así acabar con lo arbitrario. Lo peor de todo es tratar de aleccionar, porque así se pierde el natural acercamiento ante las cosas.

En FICXixón se ve, cada año, como también en todos los festivales,  todo esto. Y su apuesta, nada acomodaticia, es la mejor seña de identidad año tras año y la que le da mayor lustre. La que le hace diferente del resto del panorama nacional de colección de películas. Y que no lo pierda. De todo esto escribimos a continuación.

De la Sección Oficial llegó la película española “Iceberg”, de Gabriel Velázquez. Yo no le pillé el punto. Se supone que trata de los secretos guardados en la memoria de cuatro jóvenes, incógnitas que no dejan verse y que el espectador tiene que rellenar con el vacío que se presienten en las aburridas secuencias. Su realizador quiere hacer ver sólo la punta de ese iceberg que completa la falta de diálogos, acción y pulso narrativo. Y como no estaba por la labor, me pareció una película falta de expectativas y de resultados, que con el esfuerzo que se le pide al que la ve no tiene ganada ni la punta de ese hielo que se intuye ni las ocho partes que faltan por verse debajo del agua. Y es más, su responsable no deja hablar a sus protagonistas, falta grave, lo que provoca una apatía que cansa y se hace pesada. Además, las diferentes historias tienen un hilo de suspense muy débil, que el director termina por cuadrar con unas ajustadas dosis de querer finalizar de forma poética algo que ha sido muy poco soportable.

Con una pandilla de niños de seis años que llenaban una de las salas del Festival, pude ver la entrañable “Sandman and the lost sand of dreams”, de Sinem Sakaoglu y Jesper Moller,  coproducción germano-francesa presente en la Sección Enfants Terribles y más cercana al universo de “James y el melocotón gigante” que, por poner otro ejemplo, “Pesadilla antes de Navidad”. Cuenta con una animación que a veces es sorprendente, como suele ocurrir en estos casos, y narra una historia tan inocente como afectuosa, con personajes de carne y hueso y animación. Está basada en Sandman, que es una figura de culto de la televisión alemana, donde un niño hace las labores de capitán de barco para salvar al mundo de las garras de Haruman, que ha robado la arena de los sueños. La más simpática de la función es la oveja Nepomuk que, con un poco más de magia, podría haberse acercado a cualquier gran personaje de los protagonizados por Pixar.

Lo único que se echa en falta es que, debido a su inexistente vida comercial, se proyecta doblada al inglés y con unos subtítulos en castellanos que son imposibles de leer para niños de estas edades. De todas formas, es muy loable la labor que hacen los responsables del Festival y educadores en llevar a los niños de Gijón al cine en estas fechas, acercarles a un mundo que pueden desconocer y presentarles un campo de acción diferente al cotidiano, el de sus colegios. Y además, hay que decir, que los niños de la ciudad se portan realmente bien en el cine. Un aplauso para ellos, que serán los que en un futuro se sienten en las mismas butacas pero sin que les cuelguen los pies, claro.

De la Sección Oficial, la francesa “Low life” que, dirigida conjuntamente por Nicolas Klotz y Elisabeth Perceval, me recordó a las historias sociales y políticas planteadas por el idolatrado Philippe Garrel,  el cual no me merece su sacralizada adhesión incondicional. Cuenta la relación de una pareja heterosexual, él es un poeta afgano sin papeles, desencadenante de la principal acción y los consecuentes problemas que se derivan de ella. Como ocurre en estos casos, me pesan sus intelectuales diálogos y su fanática necesidad de explicar su realidad social con lecciones de estigmatizadas penurias revolucionarias. Pero el final, sin embargo, salva por los pelos una película un tanto pesada en su desarrollo.

Con “The future”, también en la Sección Oficial a concurso, la norteamericana Miranda July hace otra demostración de modernez con supuestas dosis de gracia. Sus bailes y sus salidas de tono, entre la falta de ocurrencia y la hipotética muestra de salero indie no me arrancan ni la más mínima sonrisa.

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