El Festival de Sitges proyectó esta semana dos de las películas de terror más comentadas del año, y las dos tienen protagonistas queer. En Leviticus, que compite en la Sección Oficial, el australiano Adrian Chiarella convierte una terapia de conversión en el origen de un monstruo. En Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma, Jane Schoenbrun reescribe el slasher de los ochenta con Hannah Einbinder y Gillian Anderson. Esta última ganó la Queer Palm en Cannes y el Premio Zabaltegi-Tabakalera en San Sebastián.
En 2014 compitió en la Sección Oficial del Festival de Sitges It Follows, de David Robert Mitchell. Era la historia de una maldición que pasa de una persona a otra a través del sexo, filmada con la calma inquietante de La noche de Halloween. No se llevó ningún premio, pero con los años se ha convertido en uno de los títulos de referencia del terror de esta década. Doce años después, el Festival presenta Leviticus como «la versión LGTBIQA+ de It Follows».
Un monstruo con la cara de quien deseas
Leviticus compite en la Sección Oficial Fantàstic y se estrenó en España en Sitges, con pases el jueves y el viernes en el Hotel Meliá. Naim, interpretado por Joe Bird, el chaval de Háblame, se muda con su madre viuda a un pueblo evangélico del estado australiano de Victoria y se enamora en secreto de Ryan, al que da vida Stacy Clausen. Cuando su relación sale a la luz, sus familias los someten a un ritual para «curarlos». Lo que despierta es una criatura que adopta la forma de la persona a la que más desea su víctima. Es decir, el uno del otro.
La madre de Naim es Mia Wasikowska, que también figura como productora ejecutiva. Completan el reparto Ewen Leslie, en el papel del pastor del pueblo, y Nicholas Hope, como el sanador que dirige la ceremonia. La produce Causeway Films, la compañía de Kristina Ceyton que estaba detrás de Babadook, premio especial del jurado en Sitges el mismo año en que compitió It Follows. La música es de Jed Kurzel, que también compuso la de Babadook.
Adrian Chiarella nació en Sídney, hijo de padre italiano y madre china. Antes de dirigir trabajó como montador y firmó varios cortos, entre ellos Black Lips y Dwarf Planet, que pasó por Clermont-Ferrand. Leviticus es su primer largometraje y tiene mucho de su propia vida. «Mis padres no eran religiosos, pero me mandaron a un colegio religioso masculino», contó a The Advocate. «Fue algo que me costó muchísimo superar».
En una entrevista con TheWrap explicó de dónde salió la idea. «Como joven gay, sentía que las cosas iban cada vez mejor a medida que crecía, pero en la última década, más o menos, empecé a notar que retrocedían. Empecé a desarrollar una película de terror en la que lo que diera miedo fuera la homofobia». Para escribirla habló con muchas personas que habían pasado por prácticas como la que muestra la película. Sus relatos de exorcismos, dijo, alimentan el mito de que dentro de algunas personas vive «una especie de demonio gay». El título viene del libro de la Biblia que se suele citar para condenar la homosexualidad, y Chiarella ha explicado que tomó de él las imágenes de fuego que recorren la película.
La película se estrenó en enero en la sección Midnight de Sundance. Neon la compró allí mismo, fue la primera venta de aquella edición, y después inauguró New Directors/New Films en Nueva York y compitió en Sídney. La crítica anglosajona la ha recibido muy bien: un 93 % de reseñas positivas en Rotten Tomatoes y una media de 83 en Metacritic. Variety la definió como un «debut sobresaliente» que «une de forma orgánica el susto que hiela la sangre con un comentario social incisivo», y The Guardian le dio cuatro estrellas por ser «inteligente y sorprendentemente romántica». YouPlanet Pictures la estrena en los cines españoles el 30 de octubre.
Un slasher para la chica final
Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma se vio el viernes, en dos pases en el Auditori del Meliá dentro de Sitges Collection. Es la tercera película de ficción de Jane Schoenbrun, que nació en Queens en 1987 y se dio a conocer con We’re All Going to the World’s Fair y I Saw the TV Glow, dos historias sobre adolescentes que se pierden dentro de las pantallas.
Hannah Einbinder, la guionista joven de la serie Hacks, es Kris Williams, una directora a la que contratan para resucitar una saga de slashers de los ochenta que ya no da dinero. Kris se obsesiona con fichar a Billy Presley, la chica final de la película original, que vive retirada en los terrenos del antiguo campamento. La interpreta Gillian Anderson. Entre las dos empieza una relación de deseo, miedo y delirio, mientras ronda un asesino al que llaman Little Death, un juego con la petite mort, como llaman los franceses al orgasmo. En el reparto están también Jasmin Savoy Brown, Eva Victor, Patrick Fischler y Dylan Baker.
Schoenbrun la ha descrito como Retrato de una mujer en llamas dentro de una secuela de Viernes 13. Su intención era a la vez homenajear y criticar una tradición del terror que, con asesinos como los de Psicosis o El silencio de los corderos, «creó y codificó una idea de lo trans como algo monstruoso». En una entrevista con la radio pública estadounidense NPR, Schoenbrun recordaba una infancia «viendo slashers del videoclub» y contaba que a los 32 años, con un matrimonio a cuestas, necesitó salir del armario y empezar su transición. «Tienes tanta hambre de ver tu experiencia invisible en pantalla» que acabas identificándote con quien no deberías, explicaba: «Mira, soy yo, cuando Buffalo Bill se pone a bailar».
La producen Plan B, la compañía de Brad Pitt, con Dede Gardner y Jeremy Kleiner, y Mubi. Se rodó en 35 milímetros en la Columbia Británica, con música de Alex G. Abrió la sección Un Certain Regard de Cannes, donde ganó la Queer Palm, que recogió Gillian Anderson. En septiembre se llevó el Premio Zabaltegi-Tabakalera del Festival de San Sebastián.
La crítica internacional la ha recibido mejor todavía que a Leviticus, con un 93 % en Rotten Tomatoes sobre casi trescientas reseñas. Para Jessica Kiang, de Variety, es la película «más lograda, más persuasiva y más juguetona» de Schoenbrun. Robbie Collin, de The Telegraph, le dio cinco estrellas y la llamó una sátira «extravagantemente divertida, temerariamente extraña e inquietante» del «cine problemático», y a la vez un canto a ese cine. En España las opiniones están más divididas, y Rolling Stone en español le reprochaba confundir la acumulación de referencias con la inteligencia. Mubi la estrena en los cines españoles el 20 de noviembre.
Sin premio propio
Sitges no tiene una sección ni un galardón dedicados al cine LGTBIQ+, así que Leviticus opta a los premios de la Sección Oficial y Campamento Miasma solo al premio del público de Sitges Collection. Quien se quede con ganas tiene una cita en el mismo pueblo dentro de unas semanas: del 19 al 29 de noviembre, el Cinema Prado acoge la sexta edición de Endimaris Sitges, el festival de cine LGTBIQ+ de la localidad.
El resto de la segunda jornada del Festival, con el Premio Máquina del Tiempo a Mark L. Lester, está en nuestro resumen del viernes.

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