Ordenados frente a desordenados: cómo convivir

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Thyssenkrupp Home Solutions aconseja cómo establecer unos mínimos de convivencia entre ellos en tiempo de cuarentena…. y después también.

 

El orden (o el desorden) nos traen a todos de cabeza. Según un estudio realizado por la compañía líder en salva escaleras para el hogar www.thyssenkrupp-homesolutions.es, entre sus clientes y sus familias, se comprobó que para un 36 % de ellos una de las causas más comunes de riña durante la convivencia era el orden de la casa, sobre todo, cuando se juntan personas extremadamente ordenadas con personas que tienen tendencia al caos. Pero si para los jóvenes es un motivo de discusión, para los mayores puede convertirse en una cuestión de seguridad que hay que cuidar. El porcentaje de las personas que se consideran ordenadas varía según la edad y el sexo. En la franja que iba de 50 años en adelante, los que se identificaban dentro del ítem organizados constituían el 68,7 % y de ellos, el 79,3 % eran mujeres. De los 26 a los 49 años el número de ordenados disminuía a un 52,3 % siendo las mujeres también mayoría con un 64,5 %.

Aquí van unos consejos de cómo establecer unos mínimos de convivencia para poder llevar el confinamiento de la mejor manera posible:

1. Negociar unos mínimos

Debemos entender que una buena negociación es en la que todo el mundo gana. En marketing, a este tipo de negociación se le llama técnica win to win y se trata de que ambas partes salgan beneficiadas y ambas hagan concesiones. Para que la convivencia sea positiva, ambos tendrán que poner de su parte y negociar unos mínimos; los organizados tendrán que ceder en lo que realmente no sea imprescindible y los desorganizados aceptar que no todo puede estar manga por hombro.

2. Ceder y mantener prioridades

Socialmente, está mejor visto ser ordenado que no serlo y, por lo tanto, el desordenado suele estar más predispuesto a cambiar sus hábitos (o a intentarlo al menos) que el ordenado, pero hay una diferencia entre ser ordenado o tener una neurosis obsesiva. En este caso, si somos un tanto neuróticos, habrá que hacer por relajarse porque obligar a los demás miembros de nuestra familia a vivir según nuestras normas es injusto e intrusivo, además de, probablemente, inútil.

3. Centrarse en lo importante

Las zonas comunes son el caballo de batalla en el que debemos centrarnos. Intentar que todos los miembros de nuestra familia tengan sus habitaciones como a nosotros nos gustaría es una imposición que no es justa. Tampoco debemos sobrecargarnos de trabajo ordenando y limpiando las habitaciones de los demás para dejarlas a nuestro gusto, porque además de ser injusto, genera que esas personas descuiden sus quehaceres y se impliquen menos en la responsabilidad colectiva de atender un hogar.
Lo ideal es que cada uno se haga cargo de limpiar su cuarto y establecer un día semanal para hacerlo. En cambio, las zonas comunes deben recogerse a diario para que todo el mundo esté cómodo y no haya que lamentar accidentes ni discusiones evitables

4. Tener en cuenta a los más vulnerables

En toda negociación hay que poner por delante las necesidades de las personas que lo tengan más difícil. Es sencillo hacer que todos los miembros de la familia lo entiendan cuando lo expresamos con lógica y no como una imposición. Por ejemplo, si tenemos un familiar que sufre algún tipo de deterioro cognitivo relacionado con la capacidad de recordar. En estos casos, el orden debe ser estricto para ayudar a que la persona afectada pueda desenvolverse con normalidad y eficiencia y no olvide cosas esenciales, como tomar su medicación.

5. No es orden todo lo que reluce

No hay que confundir el orden con la limpieza. Una creencia extendida es que las personas desordenadas limpian menos, pero no siempre es así, las hay que no aguantan la suciedad y que, aunque tras usar cualquier objeto no sean capaces de devolverlo a su sitio, luego no toleren una mota de polvo entre sus libros amontonados por el suelo.

6. Seguridad y tiempo

Mantener una casa ordenada puede ser esencial para la seguridad, porque no importa tanto la apariencia de la casa como el hecho de que el orden exterior produce también cierto orden mental, que será imprescindible para saber dónde hemos puesto, por ejemplo, la medicación y si nos la hemos tomado. Además, el tener la casa desordenada hará nos llevará a perder mucho tiempo tratando de encontrar objetos o ropa. Un tiempo valioso que podríamos estar usando para hacer algo más gratificante que rebuscar por todos lados porque no recordamos dónde hemos puesto algo.

7. Establecer unas normas básicas que negociar:

  • El que cocina, no friega después ni pone y quita la mesa.
  • El baño se limpia 2 veces a la semana y nadie debe dejar cosas por en medio (como la ropa sucia después de ducharse, las zapatillas o los cosméticos que haya usado sobre el lavabo).
  • Los pasillos y las zonas de tránsito deben estar despejados para la seguridad de los mayores.
  • Las personas con más dificultades de movilidad o de salud hacen menos tareas que las que están jóvenes y fuertes.
  • Si hay un rol establecido que genera una injusticia (por ejemplo, que la abuela se encargue siempre de todo), se debe cambiar. No importa lo acostumbrados que estemos a eso. Una familia comparte las cargas y las abuelas también tienen derecho a un descanso.

Pues hala, aponerlo en práctica.

 

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