Ya no te ajunto

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Aquí tenéis la crítica de nuestro compañero y escritor Kerman Arzalluz de la película, peliculón Almas en pena de Inisherin. Muy recomendable su visionado, y por supuesto la lectura de esta más que crítica, declaración de amor.

Ya no te ajunto

Almas en pena de Inisherin es una delicia, una de esas películas que cada vez cuesta más ver, una historia que le agarra a uno de las solapas y le zarandea con fuerza. El largometraje de Martin McDonagh -que ya nos había conquistado con Tres anuncios a las afueras– es una joyita, y lo digo de forma deliberada. Exenta de pomposidad, de grandilocuencia, nada tiene que ver con uno de esos pedruscos ostentosos que solía lucir la gran Elizabeth Taylor; al contrario, nos encontramos ante la belleza discreta de una perla salvaje.

 

Recuerdo que cuando éramos pequeños y nos enfadábamos, solíamos usar ese “Ya no te ajunto” con el que he decidido titular este artículo. Y compruebo en la R.A.E., para mi asombro, que no solo existe el término “ajuntar”, sino que en su primera acepción hace alusión al uso o carácter infantil del término para significar “Ser amigo de alguien”. Así pues, hace más de cuarenta años estábamos haciendo un perfecto uso de la lengua sin ser conscientes de ello. De su utilización en los tiempos que corren se podría hablar largo y tendido, pero ese melón no es el que ahora nos ocupa.

Pádraic (Colin Farrell) y Colm (Brendan Gleeson) viven en una aldea de una pequeña isla irlandesa en la que nunca pasa nada, no suceden hechos noticiables. Ellos son amigos desde siempre y como cualquier lugareño, llevan una vida de rutinas metronómicas. El caso es que el bueno de Pádraic se pasa por la cabaña de Colm -lo hace todos los días- y se encuentra con que no está, y extrañado se dirige directamente al pub -al que acuden a diario-. Colm, acodado en la barra, degusta tranquilamente su pinta de cerveza negra. Su amigo le muestra su extrañeza, su incomodidad, y se dispone a sentarse junto a él para beber juntos y echar el rato, pero Colm se opone y ante la incredulidad de Pádraic, le responde con un “Es que ya no me caes bien”. Y ese es el spoiler que no es spoiler porque en esta película no hay trama que destripar y si un magnífico guion y unas excelentes interpretaciones que disfrutar. La vida misma, la vida en estado puro con sus dimes y diretes. Solo eso y un infinito más porque detrás de la excusa tontorrona, del disparador deliberadamente simple, se nos van a ir mostrando todo un glosario de temas que nos empujan contra la pared, temas de ayer, de hoy y de siempre, universales, atemporales, como los que tratan las grandes películas: el precio de la amistad, la soledad, el valor del arte, la importancia de la educación, la curiosidad humana, la solidaridad, la necedad, la asunción o huida de las rutinas y la monotonía, los versos sueltos que por un motivo u otro no encajan en la sociedad…

Pádraic es incapaz de entender la postura de su amigo y le pide explicaciones; Colm no termina de ofrecer respuestas convincentes por lo que Pádraic continúa tenaz en el esfuerzo por encontrarlas y, sobre todo, por recuperar la amistad perdida. Colm se siente acosado y no está dispuesto a tolerar esa “persecución”.

 

Brendan Gleeson se muestra sólido, como siempre; Colin Farrell, excelente -premio al mejor actor en el Festival de Venecia-, en su papel de “segundo más tonto del pueblo” -no le queda otra con una hermana culta e inteligente, un ex-amigo con ínfulas de artista y deseos de posteridad y un “tonto del pueblo oficial” que le da lecciones de vida-.

 

Almas en pena de Inisherin está llena de recovecos en los que quedarse a disfrutar, cada repaso mental aporta un detalle que había quedado en el tintero. Es triste, curiosa y divertida al mismo tiempo; es un vaso de agua con mil metros de profundidad. Tampoco descubrimos el fuego, recibió tres Globos de Oro, cuatro premios Bafta y nueve nominaciones a los Oscar. Si acaso, nos queda la duda de si el fuego purificador se debería haber llevado algo más -véanla y me entenderán-…pero con esto de los finales, ya se sabe, el cierre siempre es complejo y hace que algunos descabalguen.

 

Lo dicho, pequeña gran película, para ver y revisitar, con múltiples capas que pelar y degustar.

Y tranquilo, Pádraic, yo te ajunto.

 

Kerman Arzalluz

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