Excesiva retórica de la imagen

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Título: “Fasle kargadan/ Rhino season”.
Director: Bahman Ghobadi.
Guión: Bahman Ghobadi.
Intérpretes: Monica Bellucci, Behrouz Vossoughi, Yilmaz Erdogan, Caner Cindoruk.
Duración: 103 m.
País: Turquía.

Rhino seasonDos Conchas de Oro en apenas dos años -“Turtles can fly” (2004) y “Half moon” (2006), esta última ex aequo con la cinta francesa “Mon fils à moi” de Martial Fougeron- generan per se la expectación suficiente ante cualquier trabajo del realizador kurdo-iraní Bahman Ghodabi. Huelga general mediante y con la maquinaria del Festival en servicios mínimos, al mediodía, ante un deslucido Auditorio del Kursaal, el propio director, exiliado tras su controvertida  película “No one knows about Persian cats” (2009), toma la palabra para explicar que la copia que se va a proyectar no posee la calidad óptima de sonido que le gustaría. Tras la perorata, surge la duda de a santo de qué viene el discurso -cuestión ya dilucidada por una nota de prensa- y qué copia ha proyectado el realizador kurdo-iraní en el reciente Festival de Toronto.

Excusas o explicaciones aparte, “Fasle kargadan/ Rhino season” trata la historia del poeta Sahel -personaje inspirado en la vida real del poeta kurdo-iraní Sadegh Kamangar-, encarcelado durante treinta años en Irán, tras la Revolución Islámica que derrocó al Sha. Acusado de escribir poemas y soflamas políticas, Sahel es arrestado junto a su esposa Mina (Monica Bellucci), hija de un coronel del régimen. Torturas, vejaciones y violaciones por medio, un representante del nuevo régimen islámico, Akbar, su exchófer casualmente enamorado de ella, hace creer a Mina que Sahel ha fallecido en prisión. Exiliada en Estambul con sus hijos, nacidos como fruto de la violación, Mina continúa con su vida. Un buen día, Sahel es liberado y decide buscarla.

La narrativa de Bahman Ghodabi juega con alusiones crípticas a poemas de Sahel, ricas metáforas como la lluvia de tortugas o la presencia de rinocerontes, y una profusión de imágenes a medio camino entre lo onírico y real. De hecho, el realizador kurdo-iraní deja en un plano de ambigüedad gran parte del argumento, especialmente el final, permitiendo varias lecturas al espectador. Tanta poesía visual es sólo apta para cinéfilos de pro, acostumbrados a extasiarse con una excesiva retórica de la imagen.

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