Gracias, Stan Lee

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Para los que hemos crecido entre comics de superhéroes hoy es un día triste. Nos hemos quedado huérfanos del padre de todo ese universo del que soñábamos formar parte mientras aprendíamos a leer.

Hoy en día, es habitual ver niños jugando con los puños de Hulk o disfrazados de Iron Man pero en los años 80 se veían más vaqueros o piratas que superhéroes, en los cumpleaños y carnavales.

El cine ha ayudado a extender la fiebre por este universo gracias a sus grandes producciones y múltiples secuelas pero, hace 30 años, sólo existían algunos subproductos o versiones televisivas de los principales personajes de Marvel. El secreto de este éxito, desde mi punto de vista, se esconde en la cercanía y el humor. Cuando Stan Lee imaginó a su primer héroe, creó a un Spiderman muy humano y con un agudo sentido de la ironía. A diferencia de Superman, emblema de su legendaria competencia, Peter Parker no venía de otro plantea; era un chico de la calle con una vida normal. Esa fue una de las razones por las que consiguió cautivar a millones de fans de varias generaciones en todo el mundo, y construir un negocio que a día de hoy es uno de los más rentables de la industria del entretenimiento.

Mi primer corto (realizado hace casi quince años) trata de un aficionado a los comics que, tras una descarga en un accidente doméstico, cree tener poderes. “Relámpago” fue mi homenaje a Stan Lee y una manera de devolverle todo lo que me había dado durante la infancia. Gracias.

 

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