Enemy

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enemyEl cine de autor y el cine comercial van de la mano con el director canadiense Denis Villenueve y, en cualquiera de sus expresiones, la acogida de sus películas dentro de la crítica y el público es notable. Ha obtenido el Premio Genie a Mejor Director y a Mejor Película por Maelstrom, Polytechnique e Incendies (considerada una de las mejores películas del año 2011 por el New York Times tras ser nominada al Oscar en la sección de Mejor Película de habla no inglesa). Sus dos últimas obras, Prisoners y Enemy, ambas del año 2013, han sido premiadas en el Festival de Toronto y se presentan en la 61 edición del Festival de San Sebastián pisando fuerte.

Enemy es una obra personal y exigente con el público, ya que explora un ámbito muy complejo a partir de una trama bastante sencilla. Jake Gyllenhaal interpreta a un profesor que diariamente repite el mismo patrón hasta que una vez decide romper con la monotonía de su actividad y en su atrevimiento, se adentra en una encrucijada, peligrosa pero a la vez atrayente, que lo involucra con la vida de un famoso actor que es físicamente idéntico a él, pero de personalidad opuesta.

El film, oscuro, misterioso, inquietante, de una puesta en escena impecable, bien nos podría recordar a una obra de Hitchock, pero la presencia y el toque del director es omnipresente y su firma la convierte en única, a pesar de que está basada en la novela de José Saramago. Nos conduce a dos tipos de diálogo: uno con el arte, a través de la escenografía y el otro con uno mismo y la conciencia, por medio de los personajes. El drama se desarrolla en el combate psicológico que entablan los dos hombres que interpreta Jake Gyllenhaal que, en definitiva, no es más que la lucha con uno mismo; esto nos conduce a la exploración de la propia identidad en la que hallamos a nuestro único enemigo, aquel otro yo que dirige nuestras decisiones. En este ámbito, el trabajo con los actores ha dado un resultado admirable, ya que el reconocido intérprete de Hollywood (a quien ya vimos en “Prince of Persia” o “El día de mañana”), eleva su papel y explora la complejidad de éste.

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No obstante, el duelo que traspasan los personajes no se queda sólo ahí, sino que se desarrolla también a través de la escenografía. Encontramos una fotografía contrastada, dura, muy fría, con planos sugestivos y una narración excesivamente visual, muy encerrada en la interioridad del personaje, que puede resultar confusa y lenta en su planteamiento; no obstante, la fuerza emocional de la intriga y la extrema situación a la que se ve llevado el personaje, provoca que el espectador quede atrapado por la perfecta composición y armonía de todos los elementos artísticos que la integran. Imitando a otros maestros, como David Lynch o Rossellini, Villenueve busca causar un impacto visual ofreciendo un alto contraste entre planos muy psicológicos con impresionantes panorámicas, imágenes que, acompañadas con la fuerza dramática de las escenas y de la música, expresa el diálogo interior del personaje; todo desde una mirada metafórica, casi surrealista, donde la aparición de la araña, animal pequeño e inteligente, pero mortífero, acaba atormentando también al público.
Enemy, dura y oscura, es el resultado de una intención de exploración, el resultado de la expresión más libre, que ha ayudado al director, tal y como afirmó durante la rueda de prensa del Festival de San Sebastián, a atreverse con un proyecto de estudio atado a la comercialidad (Prisioneros), con el que explora la complejidad del psicoanálisis y el lado más monstruoso de la mente y el planteamiento de cuestiones que a su vez generan más preguntas, en un constante diálogo con el espectador.

Fotografía: Yurena Sánchez

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